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sábado, 13 de junio de 2009

2. CONCEPTOS ACTUALES SOBRE EL DESARROLLO DE LOS MECANISMOS DE RESPUESTA INMUNITARIA.

2. CONCEPTOS ACTUALES SOBRE EL DESARROLLO DE LOS MECANISMOS DE RESPUESTA INMUNITARIA Y LOS PRINCIPIOS DE RESTAURACIÓN DE LAS FUNCIONES DETERIORADAS DE CÉLULAS INMUNITARIAS.

Las últimas décadas del siglo XX y los comienzos del siglo XXI se caracterizaron por una alta tasa de enfermedades infecciosas conectadas con la proliferación de microorganismos patógenos y un aumento de la agresividad de la microflora oportunista.
La importancia del problema de la prevención de enfermedades infecciosas se ha hecho especialmente notoria debido al surgimiento de enfermedades antes desconocidas (SIDA) y a la ausencia de tratamientos profilácticos eficaces para una cantidad de infecciones bien conocidas (enfermedades respiratorias agudas, infecciones intestinales agudas, etc.).
La alta tasa de infecciones virales y bacterianas se debe no sólo a la resistencia desarrollada por los microorganismos sino también por sus desórdenes en los mecanismos protectores del huésped, que son el resultado de numerosos factores internos y externos de riesgo, y de inmunodeficiencia congénita y adquirida.
A pesar de los notables avances en el campo de la profilaxis específica y las terapias antibacterianas de las enfermedades infecciosas, el problema sigue siendo importante debido a la resistencia de los microorganismos patógenos a los métodos modernos de tratamiento. La situación parece ser un eterno combate entre los microorganismos patógenos y los seres humanos en la lucha por la supervivencia. En esta situación, la única alternativa a la vacuna o la terapia antibacterial es el uso de inmunomoduladores que mejoren las funciones específicas y no específicas de la
función del sistema inmunitario. Los inmunomoduladores pueden demostrar que son muy valiosos en el fortalecimiento específico de la inmunoprofilaxis durante estimulaciones de emergencia, cuando los mecanismos defensivos del cuerpo enfrentan el desafío de una infección virulenta, cuando se encuentran frente a un organismo patológico desconocido, en casos de un mayor riesgo de infección o cuando fracasan los tratamientos convencionales.
La inmunogenicidad y el reconocimiento del antígeno desempeñan un papel importante en la definición del carácter de la interrelaciones entre un agente externo y el huésped y la formación de la inmunidad específica adecuada (35, 48). La fagocitosis de microorganismos, seguida por la digestión intracelular, es la fase inicial de una reacción inmunitaria. Los neotrófilos y los macrófagos polimorfonucleares son las principales células fagocíticas. Una cascada de reacciones enzimáticas promueve la activación de la inmunidad humoral vinculada a factores no específicos (componentes complementarios) aumentando así la permeabilidad capilar, mejorando la quemataxis de los leucocitos polinucleares y dando como resultado la ingestión de microorganismos mediante la fagocitosis. Luego se emplean numerosos mecanismos bactericidas intracelulares, dependientes e independientes del oxígeno. El flujo de leucocitos polimorfonucleares y el aumento de la permeabilidad vascular conducen a una poderosa reacción inflamatoria antimicrobiana aguda.
Ciertos anticuerpos específicos destruyen microorganismos que no desencadenan una vía alternativa de activación de complementos o que impiden la activación de las células fagocíticas. Un anticuerpo forma un complejo con un antígeno y activa complementos de una manera clásica seguida por una mejor fagocitosis.
Los anticuerpos son formados por células plasmáticas y sus precursores son los linfocitos-B. Cada linfocito-B está programado para sintetizar ciertos anticuerpos específicos que están formados por IgA, IgM, IgG, IgE, IgD.
Otra población de linfocitos, los linfocitos-T, controlan otro tipo de agentes patógenos, incluyendo las infecciones intracelulares. Al igual que los linfocitos-B, cada linfocito-T está provisto de un receptor específico, que reconoce un antígeno.
Más adelante, las células T0 se diferencian en subpoblaciones que forman ayudadores-T (Ta), los que participan en la formación de linfocitos-T y supresores-T (Ts) citotóxicos, que monitorean la fortaleza de la respuesta inmunitaria y la respuesta de las células asesinas naturales (AN).
El sistema de dos etapas del desarrollo de respuesta inmunitaria específica, que ha sido confirmado tanto experimental como clínicamente, es una vívida ilustración de la influencia de un antígeno altamente inmunogénico (49). Según este concepto, es la actividad directiva de los mediadores celulares (citokinas) lo que causa la activación macrófaga, la fagocitosis de microbios (virus) y la presentación de los antígenos más inmunogénicos a los linfocitos-T, con la consiguiente diferenciación. Se ha establecido que durante la primera etapa de la respuesta inmunitaria, un macrófago es activado tanto por sus propias citokinas (IL-1), como por citokinas (factores de activación de macrófagos, IL-2 y 4, INF-a, INF-g) producidas por linfocitos Th0. Se cree que este complejo de citokinas induce la actividad de la segunda clase de antígenos del Principal Complejo de Histocompatibilidad (MHC), que se encuentra en las membranas de las células que presentan antígenos (49, 51, 56). Los macrófagos y otras células que presentan antígenos presentan el antígeno a los linfocitos-T0 para desencadenar la fase de respuesta celular específica de la respuesta inmunitaria.
Debería señalarse que tanto la producción como la activación de los mediadores de reacción celular (citokinas) bajo condiciones fisiológicas ocurre simultáneamente con el funcionamiento de las citokinas como un sistema unificado armonioso. Un impacto en cualquier componente del sistema inmunitario afecta inevitablemente a sus otros componentes (50). Esto constituye la base de la moderna teoría de la regulación en red del sistema inmunitario (24, 50), que postula que cada elemento individual de regulación de citosina inmunitaria está relacionado funcionalmente con muchos otros
elementos.
Por eso, todo el sistema de citokinas es una estructura de red que sufre una interacción constante entre sus distintos componentes, y esta es la razón de que en la base de una manifestación patológica de muchas enfermedades se encuentre un desequilibrio en la función de la red de citokinas (41). Tanto EL tipo de respuesta inmunitaria como el proceso de proliferación y diferenciación celular en los sistemas hematopoiétíco e inmunitario dependen del equilibrio de los mediadores celulares.
Anteriormente, R.M. Khaitov y B. V. Pinegin (49) presentaron un esquema que describía el desarrollo por etapas de una respuesta inmunitaria específica a un antígeno altamente inmunogénico de origen bacterial o viral. De acuerdo con el esquema, los antígenos infecciosos activan primero mecanismos específicos no inmunitarios de resistencia. Incluyendo:
• Factores naturales de resistencia que están más activos durante las primeras cuatro horas.
• Factores de una respuesta inducible temprana que duran 96 horas.
A la luz de los descubrimientos modernos, las interrelaciones y los roles de las poblaciones y las subpoblaciones de linfocitos y citokinas, los mecanismos de interacción de todos los factores componentes de origen monolítico-macrófago y la importancia de la actividad de los antígenos clase 1 y clase 2 del MHC para el desarrollo de una fase específica de la respuesta inmunitaria, son definidos y enfatizados en todas las etapas del desarrollo de respuesta inmunitaria.
El efecto de los antígenos con baja respuesta inmunogénica difiere fuertemente de la de los antígenos con alta respuesta inmunogénica. Los que responden con baja intensidad no son capaces de reaccionar con células que presentan antígenos, provocar la activación de la respuesta macrófaga del sistema inmunitario con la producción de citokinas de la primera fase, ni de aumentar el número de los antígenos de clase 2 del MHC (1, 2). En las enfermedades infecto-inflamatorias, causadas por flora oportunista, la fase monolítica-macrofágica no es activada y no se produce la presentación del complejo (antígeno más el determinante MHC clase 2) a los linfocitos Th0, seguida por el desarrollo de la fase específica de respuesta inmunitaria.
La formación de una inmunidad adecuada y estable como resultado de la vacunación de los niños depende no sólo de las propiedades inmunogénicas de los antígenos introducidos, sino también de la fortaleza y conclusividad de la respuesta inmunitaria. Un tipo de respuesta inmunitaria débil o atópica no arma una resistencia inicial y colectiva fuerte a la infección.
La producción preferencial y la activación de ciertas citokinas puede ser una señal de una condición patológica dada. Por eso, los niños sufren de enfermedades inflamatorias del tracto respiratorio superior con exacerbaciones frecuentes que responden en forma deficiente a la terapia tradicional exhiben una mayor producción
de citokinas pro-inflamatorias (47). Ante condiciones de infección recurrente crónica, es probable que la función inmunitaria de largo plazo conduzca a un cambio en el equilibrio de las citokinas hacia una escala cualitativa y cuantitativa alterada acompañada de un estímulo constante para su expresión, apoyando así el proceso inflamatorio. En esta situación, la terapia inmunomoduladora puede contribuir a una respuesta renovada e, inicialmente, a la producción de citokinas proinflamatorias, activando un proceso que sin eso se mantendría quiescente contra la infección. Un enfoque bien conocido del tratamiento de infecciones persistente, latentes se basa en este principio. El objetivo es provocarlas, siguiente con un tratamiento complejo eficaz.
Hay datos clínicos y experimentales convincentes sobre el uso de ciertos inmunomoduladores estimulantes, que se usan para activar el vínculo monolíticomacrófago del sistema inmunitario (15, 3). El nucleinato de sodio, la mielopida, la likopida, la echinacea y otras sustancias están entre tales inmunomoduladores (14, 17, 23).
El principal tratamiento para la activación de la inmunoterapia no específica es el uso de productos de interferón (IFN) (amixina, cicloferón, neovir), macrófagos, linfocitos estimuladores B y T (productos del timo, pirogenal, prodigiosan, etc.), IFN natural y recombinante con efectos antivirales e inmunomoduladores, como asimismo interleukinas y otras citokinas. En algunos pacientes, la terapia con IFN produce efectos colaterales e induce procesos de autoinmunidad. Por eso, incluso agentes tan populares como el interferón no pueden ser considerados como una panacea y, en ciertas infeccione virales su eficacia no excede del 30-50%.
Se sabe que las citokinas regulan la función de las células que presentan antígenos, acortando marcadamente el período de producción de anticuerpos específicos y mejorando la presentación de antígenos a las células inmunocompetentes.
La inflamación crónica es una condición de equilibrio inestable entre procesos inflamatorios largos clínicamente suaves y la respuesta de las células inmunocompetentes. La alteración de este equilibrio puede ser inducida por una infección adicional o por agentes inmunosupresores, que suprimen la función de efector del sistema inmunitario. Cada exacerbación de un proceso crónico de inflamación activa el sistema inmunitario y restablece el equilibrio de otro nivel más bajo de defensas. Durante la remisión de estas enfermedades infacto-inflamatorias debería llevarse a cabo una terapia inmunocrorrectora. Puede ser un régimen en tres
etapas:
1er período: inmunoestimulación intensiva (20-30 días)
2º período: terapia de mantención
3er período: inmuno-rehabilitación.
Las medidas de inmuno-rehabilitación son un tema central de la biología humana actual. En esta etapa del régimen, debería usarse más ampliamente inmunomoduladores naturales, como agentes fotoquímicos, adaptógenos, factores de transferencia, instituciones para la restauración de la salud y otros medios.

“La primera riqueza es la salud”. (Ralph Waldo Emerson)
“La libertad y la salud se asemejan: su verdadero valor se conoce cuando nos faltan”. (Henri Becque)
Que Dios te bendiga.
Recopilado por:
4lifeinnovacion@gmail.com

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